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Palabras del Pastor
Cusco 2 de Junio 2013

IX Domingo del Tiempo Ordinario - Solemnidad del Corpus Christi
'Señor auméntanos la fe en esa presencia real de Cristo en la Eucaristía.'
Muy queridos amigos:

Hoy domingo, la Iglesia celebra la Fiesta del Corpus Christi, cuya fecha central es el jueves y por ser día laborable la traslada al domingo, para celebrarla dignamente; en Cusco no, pues lo celebramos el mismo día, con una fiesta maravillosa, donde el Señor sale en su espectacular carroza de plata y en la custodia una hostia consagrada, bendiciendo toda la ciudad, por la Plaza de Armas, como misterio de nuestra fe.

Estamos en el Año de la Fe y hay que decirle al Señor: “Señor auméntanos la fe en esa presencia real de Cristo en la Eucaristía”. Al respecto, hay muchas explicaciones y la Iglesia ha profundizado en la teología de la Eucaristía, un dogma de fe que nos dice que allí se produce el milagro de la transustanciación (cambio de sustancia), pero, en el fondo, dejándonos de teorías o de profundización teológica, eso es como el misterio de la Trinidad y seguirá siendo un misterio. Lean ustedes el Capítulo sexto de San Juan, donde el Señor Jesús promete en la Eucaristía que nos va dar un pan, el pan de vida, diciendo: “ese pan que Yo les voy a dar es  Mi Cuerpo, mi Carne, para la vida del mundo” (Jn 6, 51). Quienes lo oyeron se escandalizaron, porque entendieron literalmente y  comprendieron que les daba de comer su cuerpo; protestan y se preguntan: “¿cómo nos puede dar a comer su carne?”. El Señor, en vez de explicarles y decirles que les dará un pan que significa su cuerpo,  reafirma sus palabras diciendo: “si no comen mi Carne y no beben mi Sangre no tendrán vida en ustedes”. Sabia Jesús que sus discípulos lo iban a abandonar y sin embargo insiste.

No hay que tomarlo literalmente, sino, más bien, como lo que es: un misterio. Cuando comulgamos la Hostia sabe a pan y cuando consumimos el Cáliz, sabe a vino; allí hay una presencia especialísima de Cristo y eso lo sabemos por fe. Cuando los judíos dijeron: “Duras son estas palabras, ¿quién podrá sopórtalas?”,  lo abandonaron;  y, ¿Qué hizo Jesús?, fue donde sus apóstoles y les pregunta: “¿ustedes también me quieren dejar?”, y como siempre, Pedro le responde: “y a ¿quién vamos a seguir Señor?, si tú tienes palabras de vida eterna y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”.  Así, también nosotros debemos aferrarnos a ese misterio de nuestra fe, podrán llamarnos fanáticos o pueden decir que adoramos a un Dios de pan o lo que quieran, pero eso es nuestro alimento, alimento espiritual y no intentemos rebajar las exigencias de la fe y solo entendamos lo que los sacerdotes decimos en la Misa, después de la consagración: “Este es el Sacramento de nuestra fe”.

Por lo tanto, vamos a pedir a nuestra Madre, Santa María: “Madre mía, tú que ya estás con tu cuerpo glorioso en el cielo, ayúdanos, no a entender; porque no vamos a entender, sino, ayúdanos a creer, con profundidad, ayúdanos y auméntanos la fe”.

Queridos amigos, que Dios nos bendiga a todos. 

+ Juan Antonio Ugarte Pérez
Arzobispo del Cusco



 
 
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