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Palabras del Pastor
Cusco 9 de Febrero 2014

V Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 5,13-16)
'Vosotros sois la luz del mundo'
Muy queridos amigos:

Este domingo, V semana del Tiempo Ordinario, el Evangelio de San Mateo nos dice: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, insípida, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín (especie de balde), sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”.

Si la sal se vuelve insípida, no sirve más; si se diluye el cloruro de sodio solo queda agua salada y nada más; pero, la sal, ¿Cómo se puede volver insípida?, pues en aquella época no se utilizaba la sal refinada como nosotros, sino una tierra salada, sal de minas que la sacaban y no sabían refinarla. Los incas si sabían hacerlo, como la de Maras, donde hay unas salinas espectaculares que son de un manantial de una mina de sal, donde la van secando y quitando la sal más o menos purificada; por lo tanto, se entiende que si la sal se vuelve insípida, entonces ¿qué queda?, una tierra salobre que no sirve para nada, tanto así que si la metes para el campo lo hace infecundo, por lo que solo sirve para tirarla en el camino y la pise la gente.

Dice también el Evangelio: “vosotros sois la luz del mundo”; no es una luz propia, la luz es de Dios que debe reflejar en nosotros. Se habla del  Misterio de la Luna, que hace referencia a María. La luna no tiene luz propia, la luna refleja la luz del sol, es una luz pálida y blanca. El sol es Cristo y nosotros solo tenemos que reflejar esa luz, que la Virgen María lo refleja espectacularmente, pero nosotros solo un poco; y, en la medida que luchemos para ser más limpios y puros, vamos a reflejar mejor esa luz de Cristo.

Para eso, no tenemos que hacer alarde de ser cristianos, porque eso sería  tratar de ponernos nosotros de protagonistas; pero, tampoco podemos ocultar esa luz, es decir, disimular nuestro cristianismo solo para que no nos llamen cucufatos. Nosotros tenemos que confesar con nuestras obras, con el ejemplo y reflejar esa luz de Cristo en nuestra conducta y solo después alumbraremos; sino, seremos como los fariseos, por fuera todos muy bonitos y por dentro llenos de inmundicia, “sepulcros blanqueados” dice el Señor.    
Por eso, ¿qué es lo que debemos hacer?, tenemos que luchar para que de alguna manera reflejemos lo más perfectamente posible, esa luz de Cristo. La Virgen es el perfecto reflejo de esa luz de Cristo, nosotros solo podemos pedirle a ella, ser menos imperfectos cada vez.

Queridos hermanos que Dios nos bendiga a todos.


+ Juan Antonio Ugarte Pérez  
Arzobispo del Cusco


 
 
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