Síguenos en FacebookSíguenos en TwitterSíguenos en YouTube
Palabras del Pastor
Cusco 26 de Octubre 2014

XXX Domingo del Tiempo Ordianario (Mt 22,34-40)
'La alegría es fruto del amor, y cuando más calidad de amor hay, hay más alegría'
Muy queridos amigos:

Este XXX domingo del Tiempo Ordinario seguimos con el Evangelio de San Mateo, la semana pasada vimos cómo el Señor había hecho callar a un grupo de personas que intentaban ponerle una trampa, preguntándole si debían pagar o no el tributo al Cesar; ahora continuamos con el Evangelio y dice: “En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas”.

Hay una anécdota que cuenta que, Juan el evangelista, ya muy viejito, repetía siempre lo mismo: “hijitos míos ámense, hijitos míos ámense”, y una vez, sus discípulos, un poco hartos de que repitiera lo mismo, le preguntaron, con mucha delicadeza, con mucho cariño: “Maestro, ¿porque nos dices siempre lo mismo?” y San Juan contestó: “Porque el amor lo es todo, el que ama ya tiene todo resuelto, incluida la ley”. Y es que es lógico, estamos hablando del primer mandamiento, por eso no es de extrañar que este amor de Dios, el amor al prójimo, salga una y otra vez en la Liturgia, en las lecturas de la Sagrada Escritura, que la Iglesia nos propone para la Misa.

Hace tres o cuatro domingos, yo leía en mi libro de oraciones unas palabras de Santo Tomás que decía: “La alegría es fruto del amor, y cuando más calidad de amor hay, hay más alegría”, concluí de allí lo importante que es la calidad de amor que podamos sentir o impartir, pues de ella dependerá la intensidad de nuestra felicidad y la de los demás.

En nuestra relación con Dios hay que preguntarnos, cómo es nuestra alegría, y tal cual sea nuestra alegría, así será nuestro amor por Él. “Dios me ama, Dios es mi padre, soy hijo de Dios” y esa es la causa de mi alegría; por lo tanto, la alegría es compatible con el dolor, con las penas, con el sufrimiento; lo único que se opone a la alegría es la tristeza, por lo tanto, si las penas te agobian y el sufrimiento te quita la alegría, es que hay un obstáculo entre Dios y tú; la culpa no la tienen las penas, ni el sufrimiento. Por eso, hay que remover ese obstáculo, hay que descubrirlo, hay que ver de qué se trata, y a lo mejor hace falta una buena confesión, para volver a recuperar esa alegría.

La alegría en la Cruz, en el sufrimiento, en el dolor, la alegría en las penas, eso es consecuencia del amor, del fruto del amor, yo sé que Dios me ama, yo correspondo al amor de Dios, y como consecuencia de esa correspondencia estoy alegre, soy alegre, soy feliz, y esa alegría tienen que notarlo los demás y ese será un testimonio Cristiano.

Se dice que un Santo triste, es un triste Santo; no hay Santo triste, todos los santos han sido alegres, más o menos con una alegría desbordante que se exterioriza o una alegría más tranquila, más calmada, dependiendo del carácter de cada uno.

Vamos a pedirle a nuestra madre la Virgen María, causa de nuestra alegría, que a semejanza de ella, estemos siempre alegres pese a la Cruz.

Que Dios nos bendiga a todos. 
  
+ Juan Antonio Ugarte Pérez
Arzobispo del Cusco
 
asdfasdf


 
 
:: Noticias
:: Católico al Día
:: Calendario
     
 
 
   

© Copyright 2011. Todos los derechos reservados.
 Web: www.arzobispadodelcusco.org Correo:riial@arzobispadodelcusco.org Teléfono: +5184 225211
Resolución Minima 1024 x 768 IE8