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Palabras del Pastor
Cusco 20 de Febrero 2011

VII Domingo del Tiempo Ordinario
'Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores, así serán hijos del Padre que está en el cielo'

Hoy, el Evangelio, según San Mateo dice: Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal; al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado. Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero y les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores, así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

            El “Ojo por ojo, diente por diente” era la ley del Talión, la ley de la venganza; el perdón se consideraba en aquella época cosa de cobardes, porque lo que importaba era defender el honor y hacer pagar los agravios. Lamentablemente, en sociedades que no son cristianas se mantiene aún esta ley. En el Cercano Oriente, por ejemplo, vemos cómo entre judíos y palestinos no se saben perdonar y siguen siendo todavía regidos por la ley del talión. En cambio, en aquellos lugares donde el mensaje de Cristo se introdujo en la sociedad, se ha logrado alcanzar la paz, un ejemplo es Europa que en el siglo pasado estaba dividida por dos terribles guerras y ahora están formando una sola nación; porque Europa, aunque ahora no lo quieran reconocer, tiene sus raíces cristianas.
Por eso amigos, los cristianos tenemos la gran responsabilidad de difundir ese mensaje de amor, paz y perdón; ese será el único camino por el que los hombres puedan convivir en paz y haya un desarrollo armónico. No solamente un bienestar material, sino también un desarrollo moral, porque a mí de nada me sirve un desarrollo material que, puede ser muy grande, cuando hay odio, rencor y tensiones.
 Vamos a pedirle a nuestra madre Santa María, que es la criatura que más perfectamente vivió este espíritu, que nos ayude, no solamente para vivirlo entre nosotros, sino para difundirlo a nuestro alrededor.
Queridos hermanos, que Dios nos bendiga a todos.
  + Juan Antonio Ugarte Pérez
                           Arzobispo del Cusco

 



 
 
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