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Palabras del Pastor
Cusco 31 de Maro 2015

Homilía con ocasión de la Misa Crismal 2015
'Cuánto he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir'
Hermanos y Hermanas:
 
Qué contento se sentirá el Señor de ver a todos sus sacerdotes reunidos en torno al altar para celebrar esta Misa Crismal del año 2015, su mirada es la misma mirada que dirigió a sus discípulos la noche de la última cena, “cuánto he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir” (Lc 22,15), una mirada llena de amor y de afecto fraternal. Hoy vamos a celebrar el don de nuestro sacerdocio y renovar nuestras promesas sacerdotales, ¡qué contento está el corazón de nuestro buen Pastor!
 
Lo primero que le queremos decir al Señor es GRACIAS, gracias por el sacerdocio que nos ha regalado como un don y un misterio. Un día puso su mirada en nosotros y nos llamó a seguirle, no se fijó en nuestras debilidades y defectos, sino por amor nos llamó para ser pescadores de hombres y nos confió su sacerdocio, configurándonos con Él para ser “alter christus” y actuar “in persona christi”, y nos envió a la misión de hacer discípulos a todos los pueblos, comprometiéndose a estar con nosotros y a no tener miedo a nada ni a nadie. Gracias Señor por el don de tu sacerdocio, es el gran tesoro por el cual lo hemos dejado todo y nada vale más que este regalo que nos has dado, por eso estamos alegres. Pero Tú sabes Señor que este tesoro lo llevamos en nuestras pobres vasijas de barro, te pedimos perdón si te hemos fallado, pero no quites este tesoro, no permitas que lo perdamos. Por eso, hoy vamos a renovar las promesas que hicimos al empezar este camino del sacerdocio, para que renovados cuidemos con gran aprecio este don que nos has dado, no para nosotros solos, sino para el bien de tu pueblo por el cual nos confiaste este ministerio.
 
Yo también quiero, agradecerles como vuestro obispo, por todo el esfuerzo, sacrificio y entrega que realizan en los diferentes cargos eclesiásticos, en las parroquias, en las comisiones pastorales, en la curia arzobispal. Sé que lo hacen con mucho amor y responsabilidad, valoro mucho a los sacerdotes de las zonas más alejadas, más pobres, cuántas dificultades tienen que enfrentar para su ministerio pastoral. Muchas veces solos, incomprendidos, con escasos recursos y sin embargo están ahí, fieles a su vocación y misión sacerdotal. Y los comprendo y los llevo en el corazón, pronto llegaré a visitarlos para compartir y atender a sus necesidades. ¡Gracias queridos sacerdotes!
 
En esta Misa Crismal les invito a reflexionar sobre la relación que existe entre nuestro sacerdocio con la Iglesia particular y el presbiterio.
 
El apóstol Pedro en su primera carta, capítulo 2, verso 4 – 6 nos dice lo siguiente: “Acercándose a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también ustedes mismos, como piedras vivas van construyendo un templo espiritual dedicado a un sacerdocio consagrado, para ofrecer por medio de Jesucristo, sacrificios espirituales agradables a Dios”
 
El apóstol compara a la Iglesia con un templo que se va construyendo con piedras vivas. Ese templo espiritual es nuestra Iglesia particular, nuestra Arquidiócesis, nuestro Arzobispado del Cusco y todos nosotros somos las piedras vivas que vamos edificando, piedra tras piedra nuestra Iglesia particular.
 
“La Iglesia particular es totalmente Iglesia, pero no es toda la Iglesia. Es la realización concreta de la Iglesia universal en un determinado lugar y tiempo” nos dice Aparecida 166.
 
A ustedes queridos sacerdotes les llamo a ser los primeros constructores de nuestra Iglesia particular, a trabajar unidos como piedras vivas para hacer de nuestra Iglesia una casa y escuela de comunión, donde todos nos sintamos hermanos, necesitados los unos de los otros y apoyándonos mutuamente para dar testimonio de la caridad que es el cimiento de nuestro edificio espiritual.
 
En un edificio todas las piedras son necesarias, las hay grandes y medianas y hasta pequeñas, unas sostienen a las otras, esto les da consistencia y se sostiene el edificio. Si una falta, o se sale o se desgasta, pone en peligro la solidez del edificio y corre el riesgo de derrumbarse. Así nuestros sacerdotes, como las piedras vivas, deben sostenerse los unos a los otros, todos son necesarios y muy valiosos. Debemos de cuidarnos mutuamente para que nuestras piedras no se desgasten, ni se quiebren y menos que se caigan, dejarían un gran vacío, esto pondría en peligro la solidez de nuestra Iglesia.
 
Por eso les pido hoy, con la renovación de sus promesas sacerdotales, el compromiso de convertirse en piedras vivas, fuertes, estables, vigorosas, con la suficiente fuerza espiritual como para sostener a sus demás hermanos y fortalecer nuestra Iglesia particular. De nuestra solidez dependerá la misión pastoral que realizamos con nuestras comunidades parroquiales. Muchos dependen de nosotros, muchos tienen puesta sus esperanzas en sus sacerdotes.
 
No olvidemos que quien le da solidez a toda la Iglesia es Jesucristo, la piedra angular, edificados sobre Él debemos sentirnos fuertes y firmes en la fe.
 
Les pido de corazón que amemos nuestra Iglesia particular, que nos entreguemos totalmente por ella, aún a costas de sacrificios y renuncias, pero ésta es la conversión pastoral que les pido, superar pensamientos y actitudes que quieren hacer de nuestra Arquidiócesis o Arzobispado, no una Iglesia particular, sino una Institución donde somos más funcionarios que hermanos, casi en competencia con las instituciones del gobierno local o regional. A esta tentación hay que decirle que no, no somos una asociación civil ni menos una empresa con trabajadores, somos hermanos unidos por el amor de Jesucristo y todos somos corresponsables de la misión de evangelizar y hacer presente el Reino de Dios entre nosotros. Esta es la Iglesia particular que queremos y juntos, con la ayuda del Señor, lo vamos a lograr. Una Iglesia particular sin un proyecto pastoral se burocratiza, pierde identidad y se convierte en pieza de museo.
 
Para lograr este objetivo, debemos fortalecer el presbiterio, que conjuntamente con el obispo son los responsables de la Iglesia particular. El presbiterio de una Iglesia particular, está conformado por los sacerdotes diocesanos y religiosos, ellos son como las columnas sobre las cuales se sostiene todo el edificio. Así como se necesitan piedras vivas y fuertes, en la Iglesia particular se necesitan también columnas fuertes y seguras.
 
Con este fin y en este día del sacerdocio, he decidido convocar a la primera Asamblea de Presbíteros diocesanos y religiosos, a llevarse a cabo en el mes de julio, con la finalidad de constituir el Consejo Presbiteral de la Arquidiócesis, del cual erigiré luego el nuevo Colegio de Consultores que me ayudará a conducir el gobierno pastoral de nuestra Iglesia particular. Oportunamente les haremos llegar la convocatoria con la fecha y lugar de esta Asamblea.
 
Encomendamos a María, nuestra madre y protectora, nuestro sacerdocio renovado y que ella nos ayude a ser piedras vivas en la edificación de nuestra Iglesia particular.
 
Que así sea.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo del Cusco


 
 
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