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Palabras del Pastor
Cusco 23 de Agosto 2015

XXI Domingo del tiempo ordinario ( Jn 6, 60-69)
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Muy queridos amigos y amigas:
                                                    
Que María Santísima que ha subido a los Cielos, les colme a todos de muchas bendiciones y que interceda por la salvación de todos sus hijos que venimos peregrinando en este mundo. En este domingo, la Palabra de Dios vuelve a salir a nuestro encuentro, para traernos como siempre un mensaje que nos ayuda a vivir nuestra fe con alegría en medio de nuestra sociedad.
 
Estamos ya terminando el capítulo seis del Evangelio de San Juan, en donde Jesucristo ha desarrollado todo un discurso sobre el pan de la vida, Él es el pan vivo que ha bajado del cielo; y hemos meditado los domingos anteriores todas las enseñanzas que nos ha dejado Jesucristo en este discurso, donde nos ha anticipado ya el Misterio de la Eucaristía, Cristo pan de vida del cual nos alimentamos tú y yo, cada vez en la Eucaristía.
 
La reflexión que nos trae este domingo la Palabra de Dios va orientada a los frutos, y hoy el Evangelio nos muestra dos actitudes: una la de Pedro y otra la de un gran sector de sus discípulos. Vamos a empezar analizando la actitud de estos discípulos que escucharon el mensaje del Señor, y que lamentablemente no surgió en el corazón de ellos la actitud de la fe. No solamente criticaban a Jesucristo, como hemos reflexionado en algún domingo pasado, sino que se negaban totalmente a aceptar que Jesucristo era el pan vivo que bajaba del Cielo para alimentar y dar vida al mundo.
 
Los discípulos cerraban y endurecían su corazón, al igual que su mente para entender y comprender cuál era el mensaje que les daba el Señor y lamentablemente la conclusión de estos discípulos del Señor fue alejarse de Él. Se apartaron del Señor y no le siguieron en su caminar. ¡Qué triste hermanos!, que aquellos hombres que han sido testigos de las palabras, gestos y milagros del Señor, finalmente lo rechacen y se alejen de Él. Su falta de fe los llevó a tomar otro camino.
 
Lamentablemente rechazaron el Mensaje de Vida que Jesucristo les ofrecía y de hecho estas personas perdieron el sentido de sus vidas; en cambio la otra reacción, la más hermosa, es la del Apóstol Pedro y aquí tenemos que ver una delicadeza de Jesús, se dirige a sus discípulos en primer lugar viendo que algunos se retiraban y lo dejaban, a ellos les dice: ¿ustedes también quieren irse?, haciendo un llamado a la libertad. Pues los discípulos del Señor tienen que aceptarlo a Jesús libremente, sin ninguna presión, sin ninguna imposición; por eso les dice: “si ustedes quieren irse, pueden irse”. En este detalle de la personalidad de Jesús, logramos descubrir la grandeza que tiene por el respeto a la libertad de cada uno; es esta escena Simón Pedro, toma la palabra y dice esta hermosa frase y de la cual nos hemos alimentado varias veces en nuestra vida espiritual:  “Señor, a quien vamos a ir, Tú tienes palabras de vida eterna”, en esta pequeña frase, nos muestra que Pedro había captado la esencia del mensaje de Jesús, porque Él es el camino la verdad y la vida, el único que puede iluminar la vida de los hombres. Pedro con esa pequeña, pero significativa frase, nos daba la respuesta a ese anhelo de vida espiritual, de felicidad, que solo lo encontró en Jesucristo,  porque fuera de Él ya no había otro camino, y termina diciendo: “Tú tienes palabras de vida eterna”.
 
Las palabras de Jesús iluminan la vida de cada cristiano, es muy importante y necesario entre nosotros que andamos tan desorientados por tantas opiniones, ideologías y comentarios, que nos ofrecen todo un abanico de situaciones. Nosotros en medio de nuestra realidad tenemos que saber que el camino seguro es Jesucristo, su mensaje de vida, que nos lleva verdaderamente en esta tierra a la felicidad compartida y luego a la felicidad eterna al lado del Señor.
 
Mi querido hermano, mi querida hermana, esta semana te invito a que medites ¿cuál es el fruto del mensaje de Jesús? Que Dios te dé la gracia que le dio al apóstol Pedro de poder reconocer que Jesucristo es el único que tiene palabras de vida eterna. 
Que el Señor te acompañe y te bendiga todos estos días en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén           
 
 + Richard Daniel Alarcón Urrutia
 Arzobispo Metropolitano del Cusco


 
 
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