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Palabras del Pastor
Cusco 28 de Febrero 2016

III Domingo de Cuaresma
'Si ustedes no se arrepienten van a caer siempre en lo mismo'


Muy queridos hermanos y hermanas, en este Año Jubilar de la Misericordia le pedimos a Jesucristo que dirija su mirada misericordiosa a cada uno de ustedes, a sus queridas familias y a su comunidad parroquial.
 
Estamos recorriendo este camino de la Cuaresma destino a la Pascua del Señor; vamos caminando y entramos ya a la tercera semana del Tiempo de Cuaresma. La Palabra del Señor nos invita a hacer una sincera reflexión sobre la conversión, ese llamado que nos hace Dios, ese llamado al arrepentimiento de nuestros pecados, a tomar conciencia del mal camino que muchas veces tomamos y a veces nos equivocamos, pues Dios es tan grande y su amor es tan misericordioso que no quiere que caigamos en la perdición, y menos en la destrucción de los unos a los otros, Él sabe las terribles consecuencias que trae cuando el hombre se aparta de Dios, cuando el hombre no cumple con los mandamientos, cuando el hombre se olvida del amor, del compromiso de construir una sociedad en paz, Dios conoce perfectamente todos estos peligros, por ello él nos brinda la oportunidad de una reflexión muy profunda para que nos lleve a una sincera conversión.
 
Este Tiempo de Cuaresma es un llamado a la conversión, y en este Año Jubilar, el Señor quiere que tomemos con gran responsabilidad este misterio de la conversión que significa un cambio en la mente, un cambio en el corazón, un cambio en las actitudes. En el Evangelio de este domingo se nos relata tres cosas muy importantes: primero, la misma realidad nos tiene que invitar a una sincera reflexión, vemos cómo Jesús le dice a los hombres de su tiempo la desgracia que viene ocurriendo, ya sea muerte, asesinatos, violencia, situaciones de enfrentamiento; les dice a sus discípulos “si ustedes no se arrepienten van a caer siempre en lo mismo”. Hoy, diríamos lo mismo, estamos en una sociedad donde todos los días vemos muerte, enfrentamientos, falta de respeto a la dignidad de la persona, a los derechos, y cómo se va destruyendo la vida, la familia, los valores fundamentales de la sociedad, y yo les pregunto ¿vamos a seguir así?, ¿Todo debe seguir igual?, ¿No aremos nada?. Todo esto nos tiene que invitar a hacer algo, allí viene el primer llamado que nos hace Dios:  convierte tu mente, ese interior que llevas en las ideas, que surgen dentro de tu mente, qué decisiones vas a tomar, que criterios tienes para actuar en la vida; y el Señor te dice deja el camino del mal, y enrumba el camino del bien, deja los pensamiento malos y negativos, aquello qué te pone en contra o haces el mal a los demás y toma el otro camino del amor, del servicio, de la paz, de la ayuda al prójimo, de la reconciliación. La conversión tiene mucho que ver con un cambio mentalidad, este cambio de la mente poniéndolo en sentido positivo y descubriendo todo lo bueno que puedes hacer en bien de los demás.
 
En segundo lugar, el llamado a la conversión también nos toca el corazón, En el pasaje del Evangelio nos presenta Jesús una parábola de un hombre que tenía un viñedo, y fue a recoger los frutos de los árboles que eran de su propiedad, y los árboles no tuvieron fruto, y el dueño los mandó a cortar porque no dieron fruto, estaban ocupando un sitio por gusto. Qué significa eso: el Señor nos invita a mirar nuestro corazón como un terreno y allí poder descubrir si realmente estamos creciendo y qué frutos estamos dando para Dios y los demás; y si no tenemos esos frutos entonces le tenemos que pedir al Señor que nos ayude a madurar, a madurar nuestras decisiones, nuestra libertad, y sobre todo aquello que interiormente va orientando nuestra vida. Y el camino que el Señor nos propone es cambiar nuestro corazón, nos pide que busquemos producir buenos frutos donde haya paz, amor y fraternidad. Revisa tu corazón, analiza tus acciones y trata de corregir si de repente no estás dando buenos frutos, tú te darás cuenta. Y si eres parte de una familia, pregunta a tu esposo, a tu esposa, pregunta a tus hijos, pregúntense como hermanos qué frutos estamos dando y que eso te ayuda a tomar conciencia de tus propias limitaciones.
 
En tercer lugar, la conversión de las actitudes. Miren ustedes el tercer momento del Evangelio: sale un personaje que le implora al Señor paciencia, “dale un año más si no da frutos lo cortarás, pero yo voy a regar, abonar, cultivar esta planta para que dé buenos frutos”. Eso es el papel de Jesucristo misericordiosos que te está brindando una nueva oportunidad. Querido hermano, querida hermana, tienes que cambiar tus actitudes y acuérdate que Jesucristo está a tu lado para ayudarte a cambiar tus actitudes que muchas veces te llevan a un camino equivocado. Confía en el Señor, Él está a tu lado dispuesto a regar, abonar, y cultivar la planta de tu corazón; no estás solo, por más problemas difíciles que tengas tienes uno que está a tu lado y estará siempre dispuesto a ayudarte.
 
Que Jesús misericordioso derrame sus bendiciones a todos ustedes. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 
+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
  Arzobispo Metropolitano del Cusco
 
 


 
 
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