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Palabras del Pastor
Cusco 2 de Octubre 2016

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario
'Señor, nosotros creemos, pero auméntanos la fe '


Muy queridos hermanos y hermanas:

Nos unimos a la oración de los apóstoles que le dicen a Jesús: “Señor, nosotros creemos, pero auméntanos la fe”, con esta intención vamos a dar inicio a este mes de Octubre y el tema que nos plantea la palabra de Dios es el tema de la fe, estamos dentro del Año de la Misericordia y la misericordia está muy vinculada a la fe, esa fe que hemos puesto en el Cristo Misericordioso, en estas dos grandes imágenes que se recuerda y celebra en el Cusco, en el Perú y en el mundo entero: el Señor de los Milagros, el Taytacha de los Temblores, Cristo crucificado y entregado por amor; que lección más hermosa de su infinita misericordia para nosotros.

Nuestro pueblo peruano es un pueblo que esta enraizado en su fe y lo manifiesta de esta manera, por eso vamos a pedir al Señor que abra nuestro corazón para entender y comprender que para poder vivir la misericordia requerimos o necesitamos de una fe firme, fuerte y productiva. La palabra del Señor nos habla este domingo a través del crecimiento y de la madurez de la fe, y por eso compara la fe con la semilla de una planta que se llama mostaza, que es muy pequeñita, casi imperceptible, pero luego en la tierra germina, crece y se convierte en un árbol fuerte y firme, un árbol capaz de fortalecer y dar acogida a los demás. Esta figura que usa Jesucristo, para dar a entender a sus discípulos como debe crecer la fe, es la que nos tiene que motivar esta semana a hacer una evaluación sincera en qué punto está el crecimiento de nuestra fe.

Cuando hablamos de fe, hablamos de confianza, cuando hablamos de fe, hablamos de poner nuestra vida y nuestras intenciones en las manos del Señor, creer en Dios, creer en su amor, creer en su poder y también participar del gran sueño de Dios que es crear un mundo nuevo, el reino de Dios en medio de los hombres, entonces la fe significa confiar en ese Dios y trabajar junto con Dios para que esto se haga realidad.

La fe está muy vinculada también al trabajo que nosotros realizamos, por eso la Palabra de Dios nos recuerda que debemos de tener una fe activa, una fe productiva, que nos lleve no solamente a decir yo creo en Dios sino sobre todo a hacer posible que esta fe se manifieste en nuestra vida diaria, en el hogar, en el centro de trabajo, una fe que construya familia, una fe que motive la comunidad y la fraternidad. Ese testimonio que debemos de dar en la institución educativa, en el centro de trabajo diario o donde estemos, nuestra fe tiene que ser una fe que se manifieste activamente, y ¿cómo se manifiesta esta fe? A través del cumplimiento de nuestros deberes y de nuestras obligaciones. Hemos escuchado a Jesús que hablaba de esos siervos que luego de haber concluido sus labores, terminan satisfechos de haber trabajado para su Señor, así nuestra fe, nos tiene que llevar a cumplir correctamente los deberes y las obligaciones que todos tenemos, una fe activa que nos pone en una actitud de servicio y no para servirnos de los demás, una fe activa que nos lleve a la humildad y la sencillez, porque el que tiene realmente un camino de fe, nunca ocupa el lugar de Dios, todo lo hacemos para Dios y Dios actúa a través de nosotros, por lo tanto, la fe nos debe llevar a ser humildes, sencillos y a trabajar para el Señor.

Cuando existe esta forma de vivir la fe, entonces nos damos cuenta que el Señor es el Señor y nosotros somos sus siervos y trabajamos para Él, por lo tanto la gloria de Dios es nuestra mayor alegría y nuestra mayor recompensa. Si queremos hacer crecer la semilla de la fe, tenemos que recurrir a una vida de oración intensa, a recibir lo que nos fortalece en la fe, la Eucaristía, la lectura orante de la palabra de Dios, solamente así esta fe es como una semilla que se convierte en un árbol y nos hará producir los frutos que Dios quiere, una fe que logre ser testimonio de la misericordia de Dios.

Reflexiona en esta semana, hermano y hermana, sobre cómo va creciendo tu fe, si esa fe ya va dando frutos o todavía está en un proceso de crecimiento, pídele al Señor, “Señor creemos, pero aumenta nuestra fe”.

Que la bendición de Dios te acompañe, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo Metropolitano del Cusco


 
 
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