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Palabras del Pastor
Cusco 18 de Diciembre 2016

IV Domingo de Adviento
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Estamos delante de la Corona de Adviento que representa el tiempo de las cuatro semanas para nuestro encuentro con Jesús y vemos como ya han transcurrido tres semanas, la luz que representa la llegada de Jesús, se va encendiendo como un signo de alegría, de gozo y de paz. Jesús es la luz que ilumina al hombre y a toda la humanidad, para poder hacerles llegar el amor inmenso de Dios a todos sus hijos. Vamos a encender esta cuarta y última vela que representa la culminación de este hermoso tiempo que Dios nos viene regalando, que es el Tiempo del Adviento; con las cuatro velas encendidas nos unimos al canto de la iglesia “ven, ven Señor Jesús, no tardes, ven que te esperamos con alegría y con gozo”.

Muy queridos hermanos y hermanas, estamos prácticamente a puertas de la Navidad, pronto vamos a ver levantarse la estrella que es el anuncio que Dios nos da sobre la llegada de su hijo, esa estrella que condujo a los pastores y a los magos de oriente; así también vamos a ver esa estrella que nos atrae, que nos lleva a buscar y a encontrar a Jesús y lo vamos a encontrar nacido en un pobre y humilde portal en Belén; que esta sea nuestra esperanza, que sea nuestro anhelo en estos últimos días hasta que llegue el día del nacimiento del Señor.

Yo te pido hermano, hermana, déjate conducir por la fe, deja que la fe te ilumine en medio de toda esta lamentable confusión de la Navidad que nos ha creado esta sociedad de consumo, esta sociedad que nos invade y permanentemente nos está bombardeando, en lugar de Jesús nos ponen cosas materiales, nos ponen regalos, artefactos, propuestas de viajes; mi querido hermano, recuperemos el sentido auténtico de la Navidad, no hay Navidad sin Jesús, abramos nuestro corazón y nuestras puertas, para vivir la verdadera y autentica Navidad.

La Palabra de Dios para esta última semana de Adviento, nos presenta la imagen de otro personaje, el domingo pasado era la de Juan el Bautista, ahora nos pone la imagen del carpintero José, el prometido de María, y nos presenta ese pasaje tan hermoso, en el que José en sueños recibe el anuncio del ángel, comunicándole la maravilla y el milagro de la encarnación del hijo de Dios en el seno virginal de María, que es su prometida; y cómo José acepta con fe el mensaje del Señor, no duda, no hace preguntas, simplemente se pone a disposición del plan de Dios y ¿qué es lo que tenía que hacer José?, darle una familia al hijo de Dios, por eso inmediatamente va y reconoce a María como su esposa y se une a ella para formar una familia.

Yo creo que esta cuarta semana del Tiempo de Adviento, es un llamado a preparar a la familia, esa familia conformada por el padre, la madre, los hijos, quizá los demás parientes, que sea una familia acogedora de la llegada de Jesús, que pueda abrir sus puertas de par en par, que le pueda ofrecer a Jesús el cariño, el amor, ese calor de hogar y que no se vuelva a repetir esa terrible escena de la virgen María y de José buscando alojamiento (donde nazca el niño Jesús) y todas las puertas estaban cerradas; en esta cuarta semana, abre las puertas de tu casa, abre las puertas de tu hogar, conviértelo en un lugar de acogida, de amor, de entrega y sobretodo de recepción de ese amor de Dios que trae Jesucristo para que sea el fermento de una comunidad de amor, que debe ser tu familia. Prepara entonces tu casa, que sea el hogar de Jesús, prepárate tú para ser el padre, la madre, el hermano, el amigo de Jesús, haz que tu corazón sea una sonrisa abierta para poder decir, “ven, ven Jesús, aquí está tu casa, reina entre nosotros, acompáñanos, protégenos, líbranos”.
Querido hermano, querida hermana, en esta última semana pon la mirada en tu familia y sigue la huella de San José, únete a Dios y haz que en tu familia se preparen para recibir a Jesús. Estoy muy seguro de que el Señor vendrá presuroso a reunirse contigo y querrá escuchar tus palabras: “entra Señor a formar parte de mi familia, que nuestra familia sea también tu familia, Jesús de Belén”.

Que Él te colme de muchas bendiciones y las derrame a todos los miembros de tu familia, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

  + Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo Metropolitano del Cusco
 


 
 
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