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Palabras del Pastor
Cusco 19 de Febrero 2017

VII Domingo del Tiempo Ordinario
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Muy queridos hermanos y hermanas, les invito a empezar esta reflexión con una oración dirigida a Jesús, Nuestro Maestro: “Señor Jesús, Tú que tanto has amado a los hombres, enséñanos a amar como Tú nos has amado, con ese amor sin medida, con ese amor abierto para todos”.

Estamos en este tiempo, a los pies de Jesús en el monte, escuchando el hermoso sermón en el que Él explica a los hombres, el camino del Reino de Dios; somos discípulos del Señor y en su palabra nos va dando los conocimientos necesarios y también va transformando nuestro corazón para acoger sus enseñanzas. Como verdaderos discípulos, dejémonos formar por Jesús, hagamos que sus palabras sean como esas manos que van formando con arcilla una vasija de barro y que nos convierta, a cada uno de nosotros, en auténticos seguidores de Jesús.

Nuestra sociedad hoy necesita y tiene la gran esperanza del testimonio, de los valores y de las virtudes del cristiano y la iglesia, en medio de la sociedad, pero dejemos que el Señor, vaya modelando nuestro corazón, nos vaya formando como verdaderos cristianos y discípulos de Él. Todos somos conscientes de que en el transcurso de nuestra vida, no siempre nos vamos a encontrar con personas que acepten fácilmente las enseñanzas de Jesús o las enseñanzas de la Iglesia, vamos a encontrar muchas veces enemigos contrarios al camino de Jesús, contrarios a la fe de Jesús, contrarios al pensamiento cristiano; ¿qué vamos a hacer nosotros frente a estas personas?, ¿cómo debemos de reaccionar como cristianos católicos seguidores de Cristo? En esta sociedad donde encontramos muchos desafíos, retos, pensamientos y corrientes ideológicas que van apareciendo y desorientando al mundo, ¿qué tenemos que hacer nosotros? y eso debemos preguntárselo a Jesús, “Jesús, enséñanos cuál debe ser nuestra reacción ante estas personas que piensan distinto, que nos atacan, que muchas veces engañan a los demás levantando injurias, infamias, hasta calumnias contra la iglesia, contra Jesucristo, contra sus enseñanzas”.

El Señor en este sermón de la montaña, también nos orienta y nos ilumina de manera cristiana, para reaccionar frente a nuestros enemigos y nos dice que la respuesta es el amor, es hacer el bien, buscar el bien para todos, incluyendo a quienes no piensan como nosotros, aquellos que nos hacen daño y muchas veces buscan destruir la obra de Jesús, ¿cómo debemos de responder con amor?, buscando siempre el bien para todos los demás y haciendo que la paz y el perdón de Dios lleguen a todas las personas. No debe de haber en nuestro corazón actitudes de odio o de venganza, espíritu de revancha, ambiente de envidia o de buscar hacerle daño a los demás, todo eso debemos descartarlo y por eso, tenemos a Jesucristo como modelo y ejemplo, el amor de Dios hace salir el sol sobre buenos y malos, justos e injustos, su amor llega a todos, nosotros tenemos que ponernos en esa dinámica, nunca responder ojo por ojo, diente por diente, eso genera un mundo de violencia y de desorden, el amor tiene que saber iluminar, perdonar y sobretodo buscar ese espíritu de reconciliación, esa dimensión de tolerancia, esa actitud de abrazo y de perdón para empezar de nuevo, ese es el espíritu que nos pide Jesús en este domingo, a partir de su mensaje en el sermón de la montaña, que seamos hombres de paz, de reconciliación, que no pongamos límites, que estemos siempre abiertos.

Vamos a encontrar muchas personas con características contrarias a la enseñanza de Jesús, hay que orar por ellos, hay que pedir a Dios por su conversión, hay que poner puentes y no muros, los que hoy en día estamos muchas veces tentados a levantar entre los hombres; el camino del cristiano y el mensaje de la Iglesia es tender puentes de amor, reconciliación y paz. Tenemos que buscar este camino de perfección, en lo único que Jesús nos pide ser perfectos, como su padre celestial, es en la medida del amor, como Dios nos ama tenemos nosotros que amar a los demás, no es fácil, pero pongamos nuestra confianza en la oración para que Dios nos convierta en instrumento de su amor, que la medida de nuestro amor sea amar sin medida como nos ama Dios.

Que Él les bendiga y que la luz de su mensaje llegue a tu corazón, a tu familia y a la vida de nuestra iglesia. Que el Señor les derrame sus bendiciones, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
 Arzobispo Metropolitano del Cusco


 
 
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