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Palabras del Pastor
Cusco 15 de Junio 2017

Homilía en la Solemnidad del Corpus Christi 2017
'Yo soy el Pan Vivo que ha bajado del cielo'
Hermanos y Hermanas, que la Paz del Señor Vivo y Resucitado esté con todos Ustedes.

Nuestra fe nos reúne a todos como hermanos, miembros del pueblo de Dios que es la Iglesia. Unidos las autoridades, el clero, la vida consagrada, las comunidades parroquiales que han venido acompañando a sus santos patronos, con sus mayordomos y hermandades, los fieles cusqueños, peruanos y extranjeros, todos unidos para renovar nuestra fe en la presencia real de Jesucristo en el misterio de la Eucaristía.

Hemos venido en primer lugar a adorar la presencia del Dios Vivo manifestado en Jesucristo convertido en Pan de Vida, en segundo lugar, a escuchar sus palabras y en tercer lugar a renovar nuestro compromiso cristiano de ayudarle a Jesús Eucaristía a construir una sociedad donde reine Dios por medio del amor, la paz y la solidaridad.

Jesús nos dice: "Yo soy el Pan Vivo que ha bajado del cielo"

Jesús, el Hijo de Dios Vivo ha bajado del cielo y ha pisado esta tierra cusqueña, Él ha venido a quedarse con nosotros, Jesús Eucaristía se ha hecho cusqueño y Él vive en cada corazón cusqueño, en cada familia cusqueña. Hoy, manifestamos públicamente esta fe y hacemos de nuestra ciudad, una ciudad eucarística, porque Él está con nosotros, ha estado siempre desde hace cuatro siglos y estará siempre con nosotros. Hoy, el Cusco no sólo demuestra al mundo entero que es una cultura viva, sino que tiene una fe viva, porque Cristo vive en el corazón de nuestro pueblo y en cada cusqueño.

Y Jesús responde a nuestra fe: "Yo estaré con Ustedes todos los días, hasta el fin de los siglos".

Ésta es nuestra esperanza y nuestra fuerza. No estamos solos, ÉL ESTÁ CON NOSOTROS en cada Misa que celebramos, en cada capilla donde lo adoramos, cada vez que leemos su palabra, cada vez que celebramos sus sacramentos, cada vez que acudimos a Él en la oración para compartirle nuestra alegrías y penas, angustias y esperanzas, cada vez que le pedimos perdón y nos perdona, cada vez que nos caemos por el peso de las preocupaciones, Él nos levanta y nos anima a seguir. Él está con nosotros todos los días, por eso se ha quedado en el misterio eucarístico, en este pedacito de pan, allí lo podemos buscar y encontrar, Él solo espera que le abras las puertas de tu corazón y lo invites a entrar. Jamás nunca te va a abandonar.

En gratitud a su presencia en nuestras vidas, hemos venido aquí para rendirle nuestra adoración porque reconocemos en la Eucaristía a Jesucristo Pan de Vida, pero no hemos venido solos. Todas las imágenes de nuestros santos patronos, desde la Virgen María, San José, y todos nuestros santos protectores, han sido traídas por sus comunidades parroquiales para que rindan su homenaje de adoración a Cristo Eucaristía. Jesús los ha invitado también a su mesa para participar de su fiesta y a todos nos ofrece como banquete su cuerpo y sangre, entregados por amor y para damos vida.

Jesús Eucaristía es el centro de nuestra fe, el centro de nuestra iglesia católica, el centro de la religiosidad de nuestro pueblo. Sin Jesús Eucaristía, estaríamos perdidos y ciegos.

Jesús nos dice: "El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo"

Jesús nos ofrece su cuerpo y su sangre para darnos Vida. Y la vida que Jesús nos ofrece es el Amor, su amor. Cada vez que nos alimentamos de su cuerpo, que es el Pan de Vida, nos llenamos de su amor, de su presencia, Él habita en nosotros y nosotros habitamos en Él. De tal manera que el que come su cuerpo tiene Vida, y tiene vida porque tiene Amor, tiene el amor de Dios, se siente amado. Si tenemos el amor de Dios, amamos y tenemos vida. Si no amamos estamos muertos espiritualmente. El que está muerto espiritualmente transmite muerte y genera una cultura de la muerte. La Eucaristía es todo lo contrario, construye la cultura de la vida, porque comunica el amor de Dios.

"Mi carne es para la vida del mundo" dice Jesús.

Y eso es lo que necesita nuestro mundo, este mundo que hoy se desmorona y está cada vez más enfermo con tanta violencia, guerras, enfrentamientos, cont1ictos, ambiciones materiales v económicas, ya poco o nada vale la vida humana. El mundo vuelve a sentir la necesidad de VIVIR, y no de morir. Jesucristo es la respuesta. Él nos da su carne para darle vida al mundo. Él nos alimenta con su cuerpo para dar vida al mundo, es decir para dar amor al mundo: dando de comer al hambriento, de beber al sediento, hospedando al peregrino, visitando al enfermo y al que está preso. Sí damos amor, el mundo va a cambiar y tendrá esperanza.

Para "dar vida al mundo" Jesucristo ha querido que las huellas de su pasión queden en su carne, para que los que se alimentan de Él le reconozcan en los que sufren, en los pobres y marginados, en los que viven momentos de dolor y sufrimiento, en los que le son negados sus derechos a una vida digna como Hijos de Dios. Nos alimentamos del cuerpo de Cristo para dar vida al mundo. No lo olvides.

Como Iglesia católica estamos en camino a la I Asamblea Pastoral Arquidiocesana, casualmente para establecer un Plan Pastoral que nos lleve a ser una iglesia eucarística y misionera, y así desde la Eucaristía dar vida a nuestro pueblo cusqueño, anunciando a Jesucristo y trabajando por la unidad, la reconciliación y la paz.

Que este sea nuestro compromiso con Jesús Eucaristía, buscarlo a Él, encontramos con
Él, seguirlo a Él y alimentamos de Él para dar testimonio de su amor.

Hacemos un llamado a la conciencia de todos los fieles, para que hagamos el esfuerzo de terminar estas fiestas con la cordura y la responsabilidad como católicos, ya que estamos a los ojos del mundo entero, evitemos excesos que dañan la imagen de nuestra iglesia católica y son una ofensa a Jesús Eucaristía. Y si hay algunos por ahí que provocan desórdenes, la iglesia no se responsabiliza de ellos, que le caiga todo el peso de la ley porque son actos individuales y no de nuestra iglesia

En las manos y el corazón de María, mujer eucarística, ponemos la celebración de nuestro Corpus y todos volvamos a nuestros hogares con la alegría de haber renovado y manifestado nuestra fe.

¡SEA POR SIEMPRE BENDITO Y ALABADO, Ml JESÚS SACRAMENTADO!

+ Richard Daniel Alarcón Urrutía.
Arzobispado del cusco


 
 
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