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Palabras del Pastor
Cusco 24 de Setiembre 2017

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
'Están ustedes también invitados a trabajar en mi viña'


Muy queridos amigos y amigas; “Unidos por la esperanza”, esperamos la llegada del Papa Francisco.
 
Ya estamos a puerta de culminar el mes de septiembre, y el tiempo se va acortando para tener esta hermosa experiencia de encontrarnos con el sucesor de Pedro, que viene a visitar a la Iglesia en el Perú.
 
En este tiempo vayamos preparando nuestro corazón, nuestra familia, nuestras comunidades parroquiales, que vivan y sientan en sus corazones la alegría del encuentro. Ese encuentro con el representante de Cristo en la tierra, y que sea un momento de gracia. Preparémonos con alegría, gozo, esperanza y siempre con la expectativa de querer escuchar el mensaje de paz, amor y unidad que nos trae el Santo Padre, el Papa Francisco.
 
Nosotros seguimos en este camino de discípulos de Jesús; cada domingo disponemos nuestro corazón para escuchar las palabras del Maestro, quien nos ha estado hablando a cerca de la fraternidad, del mandamiento del amor y como tenemos que mantener esas relaciones de fraternidad. En los próximos domingos, vamos a seguir escuchando las enseñanzas de Jesús, ese Jesús que como Maestro nos va iluminando sobre nuestro comprender, la visión de Dios, y que ilumina la realidad de los hombres. A Dios, no lo podemos juzgar con nuestros criterios humanos, Él es Dios, nosotros somos sus criaturas, entonces tenemos que aprender a entrar en su misterio; misterio del cual Jesús nos hablará en los próximos domingos a través de diferentes parábolas.
 
Para esta semana, la Palabra de Dios nos propone la hermosa parábola de los trabajadores de la viña. Esta parábola tiene mucha importancia para la Iglesia, porque fue tomada como punto de partida para un documento importantísimo del Papa San Juan Pablo II; aquel documento que orientaba la vocación y la misión de los laicos, y este documento llevaba por título: “Están ustedes también invitados a trabajar en mi viña”.
 
En este relato, se nos presenta a un dueño de un terreno grande, quien sale a buscar trabajadores en diferentes momentos del día, y todos vienen a trabajar porque estaban ansiosos de ello; al final el dueño le da su pago a cada uno de ellos, de acuerdo a los momentos que han trabajado en la viña; pero a todos le remunera la misma oferta que les había prometido al momento de contratarlos.
 
A través de esta figura, el Papa San Juan Pablo II, hizo un llamado a los laicos, ellos estaban así, en esa situación de espera para trabajar por la Iglesia, por la Viña del Señor, viña que esta expresada en la Iglesia, y trabajo expresado en la evangelización.
 
Los laicos están también invitados, ya sea en el primer momento, o a la mitad del día, en la tarde e inclusive ya casi para terminar el día. En esta figura, el Papa nos hacía recordar que Dios siempre está llamando a sus hijos a trabajar por la evangelización, Él necesita obreros, y habrán obreros que desde la primera etapa de su vida se incorporen a trabajar por el Reino, habrán otros que sean llamados a la mitad de sus vidas, otros más adelante, inclusive hay quienes al final de sus vidas reciben la llamado, y aceptan participar y trabajar en la Viña del Señor.
 
¿Cuál es la oferta que les ofrece el Señor? la felicidad, representada en ese pago, ese pago que le da por el trabajo en la viña. Dios nos va a recompensar a todos, y aunque los trabajos hayan sido en diferentes momentos de la vida, el amor de Dios, la benignidad de Dios, su bondad hará que todos participen del fruto de ese trabajo a través del regalo del amor infinito, de la vida eterna, de la felicidad para siempre.
 
Por eso, al leer esta parábola, tenemos que preguntarnos: ¿Y yo qué estoy haciendo por la Viña del Señor?, ¿cada uno de nosotros qué estamos haciendo por la Viña del Señor? Como padre, esposos, hijos, trabajadores; todos estamos invitados a construir el Reino que es la misma Viña del Señor. Trabajemos con mucha entrega, sacrificio, responsabilidad, hagamos las cosas como Dios quiere, y al final nuestra recompensa para todos los llamados en diferentes etapas de la vida será misma; la alegría, la paz y la felicidad eterna que es el corazón misericordioso de Dios para todos.
 
¡No te desanimes! sigue trabajando, y si no has hecho nada, o has hecho poco, o has hecho mucho, ¡sigue adelante!, el Señor siempre espera de ti.
 
Que Él te colme de muchas bendiciones. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 +Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo Metropolitano del Cusco
 


 
 
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