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Palabras del Pastor
Cusco 1 de Octubre 2017

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario.
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Hermanos y hermanas en el Señor; unidos por la esperanza seguimos caminando a nuestro encuentro fraterno con el Santo Padre el Papa Francisco.
 
 Entramos ya al mes de octubre, mes característico para nuestro Perú, mes morado del Señor de los Milagros, de las misiones y de nuestro Taytacha de los Temblores.
 
Mis queridos hermanos y hermanas, sigamos preparándonos, sigamos disponiendo nuestro corazón para poder ir llenándolo de alegría para ese encuentro maravilloso con el sucesor de Pedro, en el mes de enero del próximo año.  
 
Este domingo, la Palabra de Dios nos sigue acompañando en nuestro caminar e iluminando nuestra vida cristiana. El domingo pasado, Jesucristo a través del Evangelio de San Mateo, nos ponía a la reflexión la bondad de Dios, la magnanimidad de Dios, la benevolencia de Dios que es tan grande y que no lo podemos acomodar con esquemas humanos, y menos compararlo con la justicia humana, Dios tiene un ser identificado con la misericordia. Por eso, en “El Año de la Misericordia”, el Papa Francisco decía: “Dios es Misericordioso”
 
Reflexionando sobre esta bondad de Dios, nos damos cuenta que Él, no es un Dios justiciero, un Dios que está detrás de nosotros castigándonos por lo malo que hacemos, o con un palo en la mano para tratar de corregirnos. ¡No!, Él siempre esta con la mano suave, de amor, de ternura, pues es Él, quien siempre nos da nuevas oportunidades y está dispuesto a levantarnos.
 
Este domingo, la Palabra del Señor, nos presenta una pequeña parábola, que muestra la escena donde el Señor, sale a buscar a sus hijos, quiere que participen en su proyecto de construir el Reino del amor, el Reino de Dios entre los hombres.
 
En este pasaje, la parábola nos presenta un padre con dos hijos a quienes invita a trabajar en su viña. El primero cuando el Padre le hace invitación, este responde: “¡No!, no quiero saber nada, no voy hacer. Sin embargo, luego reflexiona, piensa y dice: Bueno mi Padre tiene razón, yo soy su hijo, esta es nuestra viña”; es así que va y trabaja y trabaja bien. El segundo hijo, a esta misma invitación del Padre, responde: “!Sí!, sí papá inmediatamente voy a trabajar, no te preocupes voy a ir”, pero él no va, lo abandona. El Señor en este pasaje nos muestra dos actitudes: “el primero dice no, y luego se arrepiente y luego va a trabajar”. “El otro le dice sí, y no va a trabajar”.
 
La escena de la parábola para esta semana, nos invita a la reflexión, nos hace un llamado a saber cómo respondemos a Dios, a la invitación de trabajar en su viña como hijos. Nosotros, por nuestra condición de pecadores, hay veces que le decimos no a Dios, hay veces que caemos en las debilidades, en las limitaciones.
 
Este domingo, el Señor nos invita a convertirnos y corregirnos para ir a trabajar en su viña. Dios, no nos excluye por nuestros pecados, por tu debilidad, por tus limitaciones, ¡no!, nuestro Padre no excluye. Por eso, no lo rechacemos, ignoremos o engañemos; al contrario, si estas alejado vuelve, si has cometido un error, pide perdón, si te has equivocado de camino, retoma tu camino. Tu Padre siempre estará contento, esperándote con los brazos abiertos.
 
Piensa y reflexiona esta enseñanza del Señor y aplícala también en la realidad de tu familia, tú tienes que educar a tus hijos para que sean buenos hijos, y hagan las cosas como deben de ser; y si cometen errores, dales siempre una nueva oportunidad.
 
Que el amor misericordioso de Dios llegue a tu corazón, y Dios te bendiga.
 
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 
+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo Metropolitano del Cusco
 
 


 
 
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