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Palabras del Pastor
Cusco 12 de Noviembre 2017

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
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Muy queridos hermanos, nos unimos a toda la Iglesia del Perú que se está preparando para su encuentro con el Santo Padre, el Papa Francisco. En la oración nacional, empezamos siempre dándole gracias a Dios, “Dios Padre Misericordioso llenos de alegría, elevamos hacia ti nuestra oración de acción de gracias por el don de la visita pastoral del Papa Francisco”.

Efectivamente, la visita del Papa es un regalo de Dios para todos nosotros, el Papa Francisco no solamente visita Trujillo, Lima y Puerto Maldonado, él viene a pisar tierra peruana y al hacerlo visita a todos los peruanos donde estemos; desde los hogares más humildes, hasta la capital o los centros urbanos más grandes. Mis hermanos, el Papa viene a encontrarse con todos, ese es un regalo que Dios nos da a los cristianos católicos del Perú; por eso, todos estamos llamados a ir encendiendo nuestro corazón, espíritu y entusiasmo, para este encuentro con el Santo Padre.

Además, les vamos anunciando que para el próximo domingo 19 de noviembre, el Papa ha convocado a la Jornada Mundial para los Pobres, esta jornada tiene como objetivo que la sociedad y la Iglesia pongan su mirada en aquellos hermanos y hermanas que quizás están delante de ti y todavía no han logrado despertar la intención de tu corazón de brindarles un apoyo, aquellos que están en una situación de indiferencia frente a la sociedad. El Papa convoca esta Primera Jornada Mundial para que la Iglesia sea capaz de tomar conciencia de que existen hermanos y hermanas que viven en condición de pobreza, de marginación y exclusión.

Casualmente, esta semana la Palabra de Dios nos prepara para esta Jornada con una parábola muy bonita, la parábola de las vírgenes que eran un conjunto de doncellas que estaban invitadas a preparar la llegada del novio a una boda; cinco de ellas tenían ya listas sus lámparas con el aceite correspondiente, pues no sabían a qué hora llegaría el novio, ellas estaban disponibles y lo tenían todo ya preparado; mientras otras cinco hicieron todo lo contrario, no habían preparado sus lámparas, no se habían provisto del aceite y se habían dedicado a dormir. Cuando se anuncia la llegada del novio, las vírgenes que tenían todo listo entraron acompañando al novio a la fiesta de boda, mientras que las otras se quedaron en la calle porque se habían demorado en conseguir el aceite para sus lámparas y la puerta se cerró.

¿Qué nos quiere decir el Señor con esta parábola? Nos quiere decir, que siempre debemos estar bien preparados, tener todo listo para nuestra vida, servicio y entrega; llenar todos nuestros corazones como la lámpara de estas vírgenes, que estén llenos de aceite, el aceite es un material simbólico en el lenguaje del Evangelio, es el símbolo de la caridad, de la solidaridad, y del amor hacia los demás; entonces el Señor nos dice: “Estate siempre preparado y dispuesto a hacer todo de tu vida una lámpara encendida para que pueda dar luz a los demás”, y de esta forma también nos vamos a preparar para la fiesta a la que el Santo Padre está convocando, porque el aceite del amor tiene que estar en el corazón de cada cristiano y de cada familia cristiana. Que tu lámpara este siempre encendida, no te quedes dormido, no lo dejes para después, no busques a última hora qué vas a hacer ni cómo lo vas a hacer.

Mi hermano y hermana, si queremos ser cristianos no podemos posponer nuestro compromiso y testimonio, estamos llamados a poner en práctica nuestra fe, amor y servicio cada día, en cada momento, en cada actitud y circunstancia; así, el Señor nos encontrará disponibles con esa luz para darla a los demás. Que tu luz brille en tu casa, como esposo, esposa, padre, hijo o hermano, haz de tu hogar, un hogar iluminado por la luz del amor; lo mismo en tu trabajo, lleva esa luz a tus compañeros, ¡compártela!”; no esperes a mañana, quizá el mañana no exista; y como en la parábola, encuentres la puerta cerrada que quiere decir “no los conozco, no sé quiénes son”; que eso no llegue a suceder con nosotros.

Pidámosle a Jesús que mantenga nuestra lámpara siempre encendida, la lámpara de la fe y del amor para iluminar a los demás, y así estaremos preparándonos para esta fiesta del amor que es la Jornada Mundial de los Pobres, que el Papa Francisco está motivando en toda la Iglesia.

Que el señor te acompañe, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo Metropolitano del Cusco
 


 
 
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