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Palabras del Pastor
Cusco 18 de Maro 2018

V Domingo de Cuaresma
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Muy Queridos hermanos y hermanas, ¡qué pronto nos estamos acercando ya a la Semana Santa!, cómo han pasado los días tan rápidamente, estamos entrando ya a la quinta semana de este hermoso tiempo de Cuaresma y se van acercando los días en que podremos a volver a contemplar el rostro sufriente de Jesús, su entrega en la Cruz y su gloriosa Resurrección.

Quizá nosotros ya hayamos perdido la sensibilidad para apreciar lo que significó para Jesucristo nuestra salvación, por eso en esta quinta Semana de Cuaresma la Palabra de Dios te invita a recordar esos sentimientos a los que tal vez ya nos hemos acostumbrado y por eso ya no nos dice nada el Señor crucificado, su dolor, su pasión y su muerte. Es importante salir de esa insensibilidad para valorar los acontecimientos que llevaron a Jesús a dar su vida por nosotros.
El Evangelista Juan, que es experto en la vida interior de Jesucristo, nos revela a todos nosotros el inmenso amor de Jesús, yo le pondría quizá un título a esta quinta semana, aquello que dijo el Señor en una oportunidad “nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos”, la quinta semana de Cuaresma nos invita a contemplar y poder comprender ese límite y extremo del amor de Jesús que entrega su vida, pero no la entrega de palabra o con bonitas reflexiones, sino con una realidad humana.

Así como tú que en muchas oportunidades te desesperas cuando tú o un familiar adquiere una enfermedad  o de repente una desgracia ocurre y te deja sin nada, aquello que te provoca un dolor terrible en tu corazón y lloras de amargura, de angustia, de desesperación; esos mismo sentimientos, mis queridos hermanos, los tuvo Jesucristo y Él asumió toda esa dura realidad, por eso Él nos comprende, Él sabe lo que significan nuestros dolores porque Él los pasó para que aprendamos también nosotros a canalizar ese dolor hacia un fin positivo, hacia algo que sea beneficioso para nuestra vida, como la fortaleza y la perseverancia.

Qué hermosas las palabras que nos trae el Evangelista Juan: “Yo les aseguro que si un grano de trigo no cae en tierra y muere, seguirá siendo un único grano. Pero, si muere, producirá fruto abundante” entonces el Señor ya sabía que iba a enfrentar momentos difíciles, los de su pasión y muerte en la Cruz, que fueron terribles, tal vez nosotros nunca lleguemos a comprender el inmenso sufrimiento de Jesús, no solamente sintió dolores físicos, sino también morales, como la traición, el abandono, la indiferencia y todas aquellas campañas negativas de las corrientes religiosas de su época; es decir, un cúmulo de sufrimientos que  Jesucristo asumió, pues dice “Si el grano de trigo no muere, no da fruto”, Él sabía que tenía que morir de esa manera, lo más importante era el fruto y el fruto no solo es su resurrección, es también nuestra resurrección.

Entonces este tema nos lleva a pensar en el límite del amor de Jesús, nadie tiene amor más grande que el que da la vida y Jesús ha dado su vida por ti, Él conoce muy bien y toma en cuenta todos tus pecados, tus miserias, tus debilidades, pero también tus sufrimientos, tus angustias, tus desesperaciones, Él las toma para convertirlas en signos de vida, por eso te invita a salir de una condición de pecado, de debilidades, te invita a dejar de lado sufrimientos y llenarte de entusiasmo, de ánimo y de fuerza para poder vencer todas aquellas cosas negativas que puedas tener en tu vida.
Hermano, también nosotros tenemos que morir para dar vida, morir a todo aquello malo que tenemos, hacer morir todo aquello que destruye tu vida y la vida de los demás, ese grano de trigo si no muere, no da fruto. Piensa ¿por qué hay problemas en tu familia?, tal vez porque tú no estás dispuesto a morir y sigues siendo el mismo, causando daño a tu esposa o esposo, tratando mal a tus hijos, hablando mal de tus compañeros en el trabajo o de repente aprovechando para caer en la corrupción, hoy en día tan extendida; nosotros debemos hacer morir todas esas cosas, procurar que se destruyan y desaparezcan, pues de esa muerte rebrota una vida nueva, que es la que nos ofrece Jesucristo.
Piensa esta semana en el amor del Señor que te invita a ti también a morir a todo lo malo y a renacer a una vida nueva, que es el bautismo que nos ofrece Jesús en la Pascua.

Que Él te acompañe y te ayude en esta reflexión, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo Metropolitano del Cusco
 


 
 
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