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Palabras del Pastor
Cusco 15 de Abril 2018

III Domingo de Pascua
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Muy queridos amigos y amigas, que la alegría de la Pascua inunde sus corazones y sean mensajeros de la Resurrección de Jesucristo.

Nos encontramos en el camino de los discípulos de Jesús, quienes cada domingo se encontraban con el Resucitado, fortalecían su fe y salían más animosos a anunciar el triunfo de Jesús sobre el pecado y la muerte; el que nos abrió a una nueva era, a una nueva etapa y a un nuevo tiempo, el tiempo del Reino de Dios, el que Jesucristo ganó con su gloriosa Resurrección.
Ahora, estamos viendo las apariciones de Jesús, el domingo pasado veíamos la experiencia del Apóstol Juan. Este domingo la Palabra de Dios nos presenta al Evangelista Lucas, que recoge el testimonio de los apóstoles quienes tuvieron un encuentro personal y comunitario con la persona de Jesús Resucitado. La reflexión para esta semana es muy interesante, pues a veces nosotros idealizamos a Jesús de una manera muy exagerada, lo mandamos a los cielos y tenemos la idea de que Él está en una posición completamente alejada de nuestro mundo.
No obstante, cuando Jesucristo Resucitado se presentó ante sus discípulos, quiso aterrizar la fe de ellos para que comprendan que Jesús camina a su lado, que Él es un hermano más de ellos, glorificado y exaltado como Hijo de Dios, pero que no deja su condición de hermano y amigo, su condición de caminante con sus discípulos. Al principio, los discípulos creían ver un fantasma, una aparición, algo irreal; por lo que, Jesús utilizó tres verbos para hacerles entender que es Él en persona. Primero les señaló: “Miren mis manos y mis pies”, para que pongan su mirada en un Cristo que no ha venido de otro mundo, sino que es el mismo que los llamó, los acompañó, quien predicó, quien hizo milagros, quien compartió el pan en la última cena, quien se entregó a la muerte por ellos en la Cruz, es el mismo Jesús que está delante de ellos resucitado, miren con los ojos las llagas de la Pasión.

Segundo, les dice: “Tóquenme y dense cuenta que soy yo en persona, un fantasma no tiene carne ni huesos como ven que yo tengo”. Tocar a Jesús, les demuestra que es el mismo Cristo que en muchas oportunidades les abrazó, quien unió sus manos en un apretón para saludarles; y expresarles su confianza, su alegría y su amistad: es el mismo Resucitado quien está con ellos. Eso es muy interesante, dejen que sus manos descubran la humanidad de Jesús; qué importantes son las manos para poder transmitir confianza, seguridad y afecto.

En tercer lugar, como los discípulos no estaban completamente seguros de su presencia y como no lograban creerlo completamente, Jesús les preguntó: “¿Tienen algo de comer?”  e inmediatamente comió y compartió los alimentos con ellos. ¡Qué gesto tan hermoso y bello!, el comer con sus discípulos es una expresión de cercanía, amistad y fraternidad. No hay momento más hermoso que cuando compartimos un alimento en familia o con un grupo de amigos, cuando vamos sintiendo- en torno a la comida- un ambiente de amistad y de fraternidad. Esta comida con Jesús, los va preparando para su nueva presencia de Resucitado: el pan convertido en su cuerpo y el vino convertido en su sangre en la Eucaristía. En este caso, es la comida fraterna la que genera comunidad, los discípulos se sienten amigos de Jesús; por lo tanto, tienen que mantener ese clima de amistad entre ellos.

Entonces, para esta tercera semana de Tiempo de Pascua, la Palabra de Dios te invita a tomar estos tres verbos. En tu experiencia personal, trata, en primer lugar, de mirar la llaga de Jesús; segundo, tocar las llagas con tus manos; y en tercer lugar, compartir con Jesús un momento de fraternidad y de amistad. Cuando vayas a la Iglesia, cuando participes de la Misa o estés delante del Santísimo Sacramento, vive momentos de amistad y de confraternidad con Jesús. Date cuenta de que este Jesús que ha dado su vida por ti, es tu amigo, quiere estar contigo y ofrecerte su amistad. Tenlo siempre a tu lado y camina con Él, estoy seguro que nunca te va a defraudar.

Que su presencia aliente tu vida de fe y te conceda la alegría de la amistad con Jesús Resucitado, que Él te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

+ Mons. Richard Daniel Alarcón
Arzobispo del Cusco


 
 
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