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Palabras del Pastor
Cusco 29 de Abril 2018

V Domingo de Pascua
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Muy queridos amigos y amigas, la presencia de Jesús Resucitado nos sigue animando en este Tiempo de Pascua, pues vamos sintiendo en nuestros corazones la alegría de saber que no estamos solos, que Jesús nos acompaña siempre en nuestras vidas, y en nuestras labores tanto en la familia, en el trabajo, como en la Iglesia, la presencia de Jesús siempre nos anima, nos fortalece y nos da el empuje para seguir adelante en la construcción de su Reino.
Estamos entrando a la quinta semana del Tiempo de Pascua, hagamos un recuento de lo que fueron estas semanas que han transcurrido, en las que Jesucristo nos dice que Él está vivo en la comunidad cristiana, en la Iglesia, en la comunidad parroquial y en la comunidad familiar, “donde dos o más se reúnen, yo estoy en medio de ellos”, nos ha dicho el Señor.
 
Nos ha hecho un llamado a reconocer su presencia en la Palabra que leemos y compartimos, en la Eucaristía que celebramos cada vez que nos reunimos en la Santa Misa, pues el domingo pasado nos decía que Él está vivo en la comunidad, presidiendo y adelantándonos como un Pastor que conduce a su rebaño; no estamos solos, Él conduce a su Iglesia a través del Santo Padre, el Papa Francisco, a través de los Obispos, de los Párrocos y de los responsables de todas las organizaciones, siempre hay alguien que nos va guiando como un Pastor y nosotros como ovejas seguimos la Palabra del Pastor que nos conoce, nos ama y, permanentemente, da su vida por nosotros. Esto debemos grabarlo siempre en nuestro corazón, porque muchas veces enfrentamos problemas o dificultades, y lo más triste es que cuando estamos ante estas situaciones nos sentimos solos o desamparados, no es así, un cristiano sabe y reconoce que Jesús está a su lado y eso es lo que Él nos ha querido decir en todo este Tiempo de Pascua.
 
Ahora, en este quinto domingo, nos presenta una figura muy bonita: la Vid y los Sarmientos, Jesús se compara con un árbol y las ramas vienen a ser todos sus discípulos y seguidores, entonces, para que estas ramas den fruto deben estar insertadas en el tronco principal que es Jesús y vivir de la savia, de las raíces de este tronco, así se comunican las ramas y de ellas salen los frutos. Ese es Jesús Resucitado, que está en medio de nosotros para darnos vida, y nos pide introducirnos en su Misterio, estar con Él, acompañarle, beber de sus palabras y de sus principios; si realmente nosotros sabemos recibir todo ese torrente de mensajes y orientaciones, entonces nos llenaremos de vida espiritual y podremos transmitirla a los demás.
 
En el Evangelio, Jesús ha dicho muy claro: “Yo soy la Vid verdadera y ustedes son las ramas”, pues cada cristiano es una rama de Jesús y está destinada a dar fruto, “en esto recibe Gloria mi Padre, en que ustedes den fruto abundante”. Entonces nos preguntaríamos, con Jesús Resucitado dentro de cada uno de nosotros, alimentándonos de su palabra y presencia, ¿qué frutos nos está pidiendo Jesús?
 
En primer lugar, como buen cristiano, uno de los primero frutos debe ser la coherencia de vida, poner en práctica lo que Jesús nos enseña para que podamos hacer el bien a los demás, tomar el camino correcto y asumir la responsabilidad de hacer las cosas desinteresadamente, poner en práctica el mandamiento del amor y saber utilizar todos los dones que hemos recibido del Señor para el bien de los demás. Cada uno debe buscar lograr en su vida el fruto de ser un buen cristiano, de ser otro Cristo.
 
En segundo lugar, ¿qué frutos espera Jesús de sus ramas en la familia?, ser buenos esposos, buenos padres, buenos hijos, ser responsables con todas las exigencias que trae una familia, en la educación de los hijos, acompañándolos y formándolos para que el día de mañana sean hombres y mujeres de bien.  Y por último, ¿qué frutos espera Jesús de sus ramas dentro de una comunidad parroquial?, que junto a su párroco hagan la campaña misionera que nos pide el Papa Francisco: llevar su palabra, animar a otros y acercar a Jesús a tantos hermanos y hermanas que pasan problemas y dificultades.
 
Si en esta quinta semana de Pascua cada uno se pone a reflexionar: “yo soy una rama y ¿qué frutos espera Jesús de mí?, ¿qué frutos estoy dando?”; por eso, para dar buenos frutos, el Señor nos pide que estemos unidos a Él, permanecer en Él, escuchar su palabra y ponerla en práctica. Seamos buenas ramas del único tronco que nos da vida, que es Jesús Resucitado
 
Que Él te bendiga, hermano y hermana. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo Metropolitano del Cusco


 
 
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