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Palabras del Pastor
Cusco 14 de Octubre 2018

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario
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Muy queridos amigos y amigas, en este mes de octubre, Mes Misionero, les hago llegar mi saludo cariñoso a cada uno de ustedes, pidiéndole a Jesucristo y a la Santísima Virgen del Rosario les colmen siempre de bendiciones.

Continuamos en este camino de seguir a Jesús, escuchando su Palabra y aprendiendo de sus enseñanzas; el domingo pasado la Palabra nos iluminaba la hermosa vocación al matrimonio y con ella a formar una familia cristiana. En esta oportunidad la Palabra en el Evangelio de Marcos nos ayuda a descubrir la grandeza de la vocación al sacerdocio o a la Vida Consagrada, y en ella, aprender a ser auténticos discípulos misioneros de Jesucristo.

El evangelista nos presenta el pasaje del joven rico que se acercó a Jesús a manifestarle su inquietud y su deseo de ser feliz y conseguir la vida eterna, pero Jesús le hizo una interpelación, pues para seguir a Jesucristo hay que entregarlo y darlo todo, renunciar a toda aspiración humana y ponerse al servicio de Él, lo cual – en el caso del joven rico - simbolizaba desistir a todas sus riquezas para que estas sean repartidas entre los pobres y así ponerse al servicio de Jesús sin ninguna seguridad material . Lamentablemente, el corazón de este joven estaba apegado a las riquezas y desiste de seguir el camino de Jesús.

Frente a esta actitud, los discípulos le dicen al Señor: “Nosotros hemos dejado todo ¿Cuál va a ser nuestra recompensa?”, es así que Jesús les habla de la vocación de aquellos que dejándolo todo siguen a Jesús: ellos recibirán un gran premio aquí en la tierra porque tendrán el maravilloso misterio de llevar a Dios a todas las personas y recibirán un premio en la vida eterna porque quedarán grabados como seguidores de Jesús para toda la eternidad.

A aquellos que tienen la vocación de seguirlo, ya sea en el Sacerdocio o en la Vida Consagrada, Jesucristo les pide una entrega total y absoluta, una confianza plena en la providencia de Dios, porque aquel que sirve y sigue a Jesús recibirá todo de parte de Dios y de la Iglesia; dejará padre y madre, pero tendrá cien padres y cien madres, dejará a sus hermanos pero tendrá miles de hermanos y hermanas en Cristo, dejará propiedades pero tendrá una casa donde el Señor le brindará una familia y una comunidad que acompaña y provee de todo lo que se requiere. Es decir, el Señor nos da todo, pero ¿qué nos pide?, que estemos desprendidos de ambiciones materiales, pues Él no dejará de hacernos llegar siempre su bendición y su protección.

Finalmente, creo que el discípulo de Jesucristo en estas vocaciones debe dejar que Él penetre íntegramente en su vida para convertirse en un signo de Él con su palabra, con su testimonio y con sus acciones en bien de todos los demás. La hermosa misión sacerdotal y la hermosa misión de la Vida Consagrada - a través de los votos de pobreza, obediencia y castidad – deben hacer presente a Jesús, para que viva en el corazón de cada una de estas vocaciones; hay que asumir con mucha alegría la condición del discipulado y la misión de anunciar a Jesús en estas dos hermosas vocaciones.

Yo les pido a todos ustedes hermanos y hermanas, que acompañen con su oración el éxito, la fidelidad y la perseverancia en estas dos hermosas vocaciones que Jesucristo nos ha invitado a reflexionar en este domingo, les pido su oración por las vocaciones al sacerdocio y a la Vida Consagrada.

Que Jesús y la Virgen Sagrada les colmen de muchas bendiciones, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

+ Richard Daniel Alarcón Urrutia
Arzobispo Metropolitano del Cusco
 


 
 
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