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Palabras del Pastor
Cusco 5 de Junio 2011

La Ascensión delSeñor
'Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad'

Muy Queridos Amigos.

Hoy, celebramos la Fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos. En realidad la fiesta se celebra el jueves, pero como es día laborable, la Iglesia la traslada para el siguiente domingo, porque quiere que sus hijos no dejen de recibir la catequesis sobre este misterio de la vida de Cristo. Hay un refrán conocido que dice: “hay tres jueves en el mundo que relumbran más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el Día de la Ascensión”. Es así como celebramos este domingo la Ascensión del Señor, fiesta que nos dispone al Corpus Christi que en el Cusco se celebra con gran solemnidad.

Esta vez deseo fijarme en la Primera Lectura de la Liturgia que está tomada de los Hechos de los Apóstoles, donde San Lucas nos narra este acontecimiento: “En mi primer libro mi querido Teófilo escribí todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo; y Ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y apareciéndoseles durante 40 días”.

Hemos celebrado el jueves 40 días de la Pasión del Señor y de la Resurrección. Ahora, vendrán diez días más hasta el próximo Domingo de Pentecostés, día de la venida del Espíritu Santo y el comienzo de la Iglesia. Por eso, Jesús cuando los convoca delante de ellos, mientras los va bendiciendo, sube al cielo hasta que lo cubre una nube, y unos ángeles les dicen: “varones de Galilea ¿qué hacen mirando al cielo?, ahora les espera un trabajo inmenso, el Señor ya subió, ahora es tiempo de ustedes”.

Ahora es nuestro tiempo, tiempo de continuar la misión que trajo a Cristo a la tierra; por eso, enviará el Espíritu Santo, para que nos ayude, para que sea el motor y alma de la Iglesia y el de cada uno de nosotros. El Espíritu Santo habita dentro de nosotros y nos impulsa a la acción respetando nuestra libertad, porque Dios nos quiere libres. No quiere esclavos, sino hijos que libremente quieran servirle, trasmitir y continuar la misión. Y ¿cuál es esta misión?

Lo dice San Pablo cuando escribe a Timoteo: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, esa verdad que Él nos ha venido a comunicar, y anunciarla es una misión para nosotros. Lo que sucede es que, como también compara San Pablo, la Iglesia es como un cuerpo y ese cuerpo tiene muchos miembros, y cada miembro tiene su propia función. A semejanza de nuestro cuerpo, la mano, los pies, el cerebro, el corazón y todos los demás órganos realizando su propia función, sirven a la misión y unidad de todo el cuerpo.

En la Iglesia también, los fieles, el Papa, los obispos, los religiosos, los laicos, cada miembro de ese cuerpo místico tienen su propia función. Los fieles, el cristiano de a pie, el que tiene su familia, hijos, trabajo, el que tiene que ganarse el pan de cada día, también tiene su propia función, que es sobre todo, el ejemplo de un esfuerzo por vivir de acuerdo al mensaje de Cristo en medio del mundo y no solo dar buen ejemplo, buen testimonio, sino además colaborar en la difusión del mensaje de Cristo en su entorno. La mamá vive esa misión y evangelización cuando lleva a su hijo pequeñito a la Iglesia, visita al sagrario y le dice “allí está Jesús” y le enseña a persignarse allí está viviendo esa misión, y el papá de igual modo, los hermanos y todos los de la familia. Por lo tanto, vamos a pedirle al Señor, que seamos conscientes de que ese volver de Jesús al Padre de esa forma espectacular, ante el asombro de sus apóstoles, nos deja a nosotros también claramente, que ha llegado el tiempo de la Iglesia, el tiempo de que  cada uno de nosotros tiene que colaborar según nuestras posibilidades a la difusión del mensaje de la Buena Nueva y de la misión de hacer presente el amor de Dios a todos los confines de la tierra.

 Pidámosle a la Virgen Santa María nuestra madre que nos ayude, que nos haga entender mejor como buena madre esa misión y esa función que a cada uno nos corresponde.

            Queridos amigos, que Dios nos bendiga a todos.

 

+ Juan Antonio Ugarte Pérez                                                                                         
Arzobispo del Cusco

   



 
 
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