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Palabras del Pastor
Cusco 26 de Junio 2011

Selemnidad del Corpus Christi
'El pan que yo les voy a dar es mi carne para la vida del mundo'

Como en el caso del Día de la Ascensión que se traslada al domingo, el Corpus Christi también, en muchas partes del mundo, se celebra en domingo, pero en Cusco no, pues aquí en el Cusco es una fiesta importantísima; lo hemos vivido el último jueves con esa maravillosa procesión de los Santos, que vienen desde sus parroquias a visitar a la “Linda de la Catedral”, una tradición antigua que data de los primeros tiempos de la Evangelización, después del concilio de Trento. El Cusco es uno de los primeros lugares en el mundo, donde se empieza a celebrar esta fiesta y de esta manera tan especial, única en el mundo, con tanto colorido.

La fiesta del Corpus Christi es una fiesta del amor de Dios, del amor que Cristo ha tenido por nosotros. La semana pasada, en el Evangelio, el Señor nos decía: “ya no los llamo siervos, sino amigos”, porque se ha revelado a nosotros. Pero la Eucaristía, es mucho más todavía, es una locura de amor. Él nos ha dicho: “no los dejaré huérfanos”, por eso como tenía que irse hizo un milagro: el irse y quedarse a la vez en forma de pan, de alimento, solo Dios puede hacer algo así.

Cuando el Señor promete la Eucaristía, lo narra San Juan en el capítulo VI del Evangelio, no queda la menor duda de que está hablando no figuradamente, sino que está diciendo las cosas estrictamente reales: “el pan que yo les voy a dar es mi carne para la vida del mundo”, y quienes lo oyen se escandalizan (duras son estas palabras), pues el Señor no les da mayor explicación y les dice además: “sí, en verdad les digo que si no comen de la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes”.

No hay manera de interpretar estas palabras, entonces, en la ultima cena Jesús parte el pan y dice: “Éste es mi cuerpo”, en ese momento se produce el milagro; Dios, Cristo, está verdadera, real y sustancialmente presente con su cuerpo, con su sangre, con su alma y su divinidad en la Hostia Consagrada, oculto bajo las especies de pan. Por lo tanto, cuando vamos a comulgar, recibimos a Cristo y se queda no solamente en el momento de la Eucaristía de la Santa Misa, sino que después, con esa partícula de la forma consagrada  que se reserva en el Sagrario para ser adorada por los fieles y ser llevada a los enfermos.

Por eso, nosotros adoramos la Eucaristía y la sacamos en procesión en la fiesta del Corpus Christi.  Vamos a pedir a la Virgen Santa María que nos enseñe a recibirla con la misma devoción que ella la recibía.

Queridos amigos que Dios nos bendiga a todos.


           + Juan Antonio Ugarte Pérez
               Arzobispo del Cusco
 
 



 
 
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