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Palabras del Pastor
Cusco 4 de Setiembre 2011

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 18, 15-20)
'Si tu hermano peca repréndelo a solas, entre los dos'

Muy queridos amigos. 
            Hoy, vigésimo tercer domingo del Tiempo Ordinario, seguimos con San Mateo y el Señor nos habla de la “corrección fraterna”: “Si tu hermano peca repréndelo a solas, entre los dos”, eso es cristiano. Si tu vez que tu hermano no actúa bien, no chismees ni rajes de él, el chisme es siempre malo. Lo auténtico cristiano es, corregirlo a solas con cariño, después de haber hecho examen de conciencia de “cómo yo estoy viviendo eso”, y procurar corregirme yo también.

Dice san Agustin: “procura adquirir las virtudes que crees que faltan en tus hermanos y ya no verás los defectos, porque no los tendrás tú”. Sin embargo hay que ver objetivamente, si se portó mal hay que decirlo con cariño, así lo dice el Padre en este Evangelio que continúa diciendo: “Si te hace caso, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca a una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como pagano o publicano”. Como podemos ver, este evangelio nos enseña a ser pacientes, porque los defectos no se pueden corregir de la noche a la mañana, por eso, hay que hacerlo, intentarlo nuevamente y siempre con cariño.

El Evangelio continúa: “Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra,  quedará atado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se los concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy presente en medio de ellos”. Esa presencia de Cristo en su Iglesia, en la comunidad reunida, en los Sacramentos, en su Palabra y de modo muy especial en la Sagrada Eucaristía, la Iglesia lo define como el Dogma de Fe que dice que Dios está verdadera, real y sustancialmente presente en la Eucaristía, con su cuerpo, con su sangre, con su alma, su divinidad.

Yo, cuando comulgo, recibo al mismo Cristo, con su cuerpo, con su sangre, con su alma y su divinidad, misteriosamente presente allí en la Eucaristía que se nos entrega como alimento.
Hay que pedirle al Señor que nos aumente la fe, para creer más y entender que Dios está en la Eucaristía y adorar la Eucaristía porque Dios está allí.

Queridos amigos, que Dios nos bendiga a todos.

   + Juan Antonio Ugarte Pérez
          Arzobispo del Cusco  
 



 
 
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