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Palabras del Pastor
Cusco 2 de Octubre 2011

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 21, 33-46)
'Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué les parece que hará con esos viñadores?.'

Muy queridos amigos.

Esta vez San Mateo nos cuenta una parábola que se refiere, fundamentalmente al pueblo de Israel, pero sin lugar a dudas también a nosotros. Porque, es bueno que personifiquemos todo lo que leemos en el Evangelio, sentir que se refiere también a nosotros; para cuestionarnos y hacer un examen de conciencia, para corregir lo que tengamos que corregir, cada uno desde la perspectiva de su propia conciencia:

“Un señor poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para que recibieran los frutos. Pero los labradores se apoderaron de ellos, apalearon a unos y mataron a otros, y al final envió a su hijo, pensando que a él sí lo respetarían, pero esta gente malvada dijo: éste es el heredero, vamos a matarlo para quedarnos con su herencia. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron” (obviamente, hace referencia a él mismo. Él es el Hijo, todos esos criados eran los profetas y les está diciendo: me van a matar). Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué les parece que hará con esos viñadores?. Le respondieron: acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros que entreguen los frutos a su debido tiempo. Jesús agregó: ¿no han leído nunca en las escrituras: la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, ésta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?. Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir frutos”.

Lo mismo nos dice San Juan, cuando en su evangelio comienza el relato de la última cena y habla de la vid y los sarmientos: “El sarmiento que no está unido a la vid, no da fruto. Además dice: a todo sarmiento que dé fruto mi padre lo podará y al que no dé fruto lo arrancará, pues el sarmiento que se seca no sirve para nada”.

El Señor está esperando de cada uno de nosotros frutos, frutos de santidad, de apostolado. No lo olvides que tú y yo tenemos que dar cuentas a Dios de nuestras acciones, del fruto que estemos dando y si no damos frutos el Señor va a dar esa viña a otros, y eso es muy grave.

Vamos a pedirle a nuestra Madre Santa María, para que nos ayude, nos enseñe a dar frutos abundantes con nuestras obras, los frutos de santidad.

Queridos amigos que Dios nos bendiga a todos.

                                                                     + Juan Antonio Ugarte Pérez
                                                                            Arzobispo del Cusco
 



 
 
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