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Palabras del Pastor
Cusco 6 de Noviembre 2011

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
'Debemos cuidar, también, los pequeños detalles ordinarios '
Muy queridos amigos.

Hoy, trigésimo segundo domingo del Tiempo Ordinario, el Evangelio de San Mateo nos dice: “Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas a la fiesta de una boda. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposos se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?”. Pero éstas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”, pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”.

Fíjense cómo ese pequeño detalle, de no llevar el aceite de repuesto para las lámparas, fue suficiente para que no pudieran entrar al banquete de la boda, se olvidaron de lo pequeño. No nos olvidemos que lo importante en el amor a Dios e incluso en el amor humano, radica en las cosas muy pequeñas, en pequeños detalles de cariño. Allí es donde se demuestra el verdadero amor.

Nosotros debemos cuidar, también, los pequeños detalles ordinarios de nuestra vida con los que vamos a manifestar nuestro amor a Dios;  no hacer las cosas por hacerlas, sino procurar hacerlas bien, sin descuidar los pequeños detalles; porque, ése tiene que ser nuestro trato con Dios, darle todo nuestro amor en nuestra vida de piedad, en el trato con los demás, en nuestro trabajo ordinario.
Tú, imagínate, ¿cómo serían la Virgen y San José? ¿qué detalles tendrían uno con el otro? ¿qué precauciones tomarían? ¿cómo actuarían en los detalles de las cosas humanas?. Yo, no me imagino a la Virgen teniendo a San José, mal vestido, desgreñado o sucio; ni a San José, diciendo al que le ha encargado una mesa: Oye, en la próxima semana te la entrego, claro que no. Pues, en esos detalles está el amor a Dios.

Vamos a pedir a nuestra Madre Santa María y a San José que nos enseñen a vivir esos detalles de cariño para con Dios.

Queridos amigos, que Dios nos bendiga a todos.

+ Juan Antonio Ugarte Pérez
        Arzobispo del Cusco



 
 
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