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Palabras del Pastor
Cusco 27 de Noviembre 2011

I DOMINGO DE ADVIENTO
'Tenemos que estar preparados, porque en el momento que menos pensemos vendrá el Señor'
Muy queridos amigos.

Hoy, primer domingo de Adviento, empezamos un nuevo año litúrgico, y ustedes podrán ver que los celebrantes vestiremos casullas de color morado, igual que Cuaresma y en la Misa de Difuntos. Éste es un tiempo fuerte  y penitencial, al igual que la Cuaresma, que es la preparación de la Semana Santa, para purificar el alma y celebrar la pasión, muerte y resurrección de Cristo; el Adviento, cuatro domingos antes de la Navidad, es un tiempo para preparar nuestra alma para hacer nacer al Niño en nuestro corazón.

El Evangelio de San Marcos, hoy, al igual que el domingo anterior,  hace referencia a la segunda venida de Cristo Rey y el juicio universal: “En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y encarga al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, pues no saben cuando vendrá el dueño de casa: si al atardecer,  a la media noche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue inesperadamente y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!”.

Y es que, indudablemente, no sabemos cuándo será el último día, cuándo vendrá el Hijo del Hombre en el juicio final o cuándo será el fin del mundo; eso, está oculto. Lo que sí tenemos claro es que habrá un final para cada uno de nosotros, llegará el día cuando el Señor nos pida cuentas, cuando nos diga ¿qué has hecho con el tiempo que yo te di, para que hagas fructificar tus talentos?.

Por eso, tenemos que estar preparados, porque en el momento que menos pensemos vendrá el Señor a pedirnos cuentas, y para nosotros ese será el fin de nuestra vida en la tierra.  Si tenemos la suerte de morir en la gracia de Dios, perfectamente purificados, iremos directamente a  gozar del cielo, si nos sorprende en pecado grave sin arrepentimiento, la condenación será para siempre. Pueda que tengamos un tiempo de purificación en el purgatorio, aprovechemos todo esto, para purificar y limpiar nuestra alma; y, ofrecer a Dios penitencia.

Ahora, en estas cuatro semanas de Adviento, preparemos con unción nuestro corazón para recibir al Niño Jesús y hacer que nazca en un sitio grato.

Queridos amigos que Dios nos bendiga a todos.

+ Juan Antonio Ugarte Pérez
          Arzobispo del Cusco


 
 
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