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Palabras del Pastor
Cusco 4 de Maro 2012

II DOMINGO DE CUARESMA (Mc 9, 2-10)
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Muy queridos amigos.

Hoy, segundo Domingo de Cuaresma, las lecturas son continuadas: la primera lectura está tomada del Libro del Génesis que nos narra el sacrificio de Abraham, el Patriarca, el Padre en la Fe, padre de las tres grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islamismo). Con el patriarca Abraham se inicia la revelación de Dios, y es que a este hombre bueno, que vivía en el Sur de Caldea, allá entre los ríos Tigris y Éufrates en Mesopotamia, se le aparece Dios y le pide que abandone su tierra. A él que era un hombre mayor y no podía tener hijos, el Señor le promete una gran descendencia. Nace primero Ismael, el hijo de la esclava; después, nace Isaac, el hijo de la promesa. Pero llega el momento en que el Señor le pide que sacrifique a su hijo Isaac y Abraham obedece, y cuando estaba a punto de sacrificarlo, un ángel lo detiene y le dice: el Señor ha probado tu fe y como allí había un corderito enredado en unas zarzas lo ofrece en sacrificio.
             Después, en la segunda lectura de la Misa, San Pablo, en su Carta a los Romanos nos dirá, cómo Dios perdonó al hijo de Abraham y no permitió que lo sacrificaran, sin embargo no perdonó a su Hijo y lo ofreció en sacrificio por nosotros. Del sufrimiento de Abraham y del sacrificio de Cristo que nos habla San Pablo, pasamos al Evangelio que nos habla de la TRANSFIGURACIÓN, donde San Pedro dice: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
            ¡Qué bien se está aquí! ¿Te has imaginado cómo será el cielo?. Allí, no solo contemplaremos un poquito de la divinidad, sino veremos cara a cara a la Trinidad Beatífica. Esa es nuestra esperanza, mucho más grande que la del andinista que al escalar se cansa, se agota y a lo mejor se cae, se golpea, pero tiene su esperanza puesta en la cumbre desde donde verá un paisaje maravilloso y sentirá la alegría de haber concluido aquella subida. Nuestra vida es una subida, es como un andinismo, y nos espera no una visión bonita, sino la visión de Dios.
            Siguiendo con el Evangelio, San Marcos nos cuenta que cuando Pedro estaba diciendo ¡Qué bien se está aquí! los cubrió una nube y se oyó la voz de Dios Padre que dijo: Éste es mi hijo muy querido, ¡escúchenlo!. Así entonces, tenemos que escuchar a Jesús. Nuestra oración es de alabanza, de acción de gracias, es de petición, de perdón y de ayuda. Pero, también, tiene que ser de  “ESCUCHAR”.
            Tenemos que escuchar lo que el Señor nos dice, el Señor habla a la conciencia con sus inspiraciones; esas cosas que se te ocurren en la oración cuando notas que algo te dice que debes mejorar en esto o en lo otro, son requerimientos amorosos de Dios para tu alma. Escúchalo, no te hagas el sordo y pide a nuestra Madre Santa María, para que te ayude a poner en práctica aquellas inspiraciones que Dios, en su amor infinito te sugiere en la oración.
            Queridos amigos que Dios nos bendiga a todos.
                                                                                                                        + Juan Antonio Ugarte Pérez
                                                                                                                                  Arzobispo del Cusco


 
 
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