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Palabras del Pastor
Cusco 1 de Julio 2012

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Mc 5, 21-24. 35-43)
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Muy queridos amigos. 

Hoy, domingo 01 de julio,  decimo tercero del tiempo ordinario, el Evangelio nos cuenta dos milagros ocurridos en la vida de Jesús, uno tras otro, muy bonitos: “Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: mi hija se está muriendo, ven a imponerle las manos, para que se sane y viva. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Allí, en el camino estaba una mujer pobre y  enferma, la hemorroisa que por muchos años mantenía una enfermedad que nadie pudo curar. Ella, muy convencida, piensa: con que yo logre tocar la orla de su vestido, voy a quedar sana. Y, lo tocó y el Señor la sanó.(Cumpliéndose así un milagro casi al paso). Llega Jesús a la casa de Jairo y encuentra que la niña ya había fallecido, había un gran alboroto y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: la niña no está muerta, sino que duerme. La tomó de la mano y dijo: ¡Niña, yo te ordeno, levántate!, en seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar”. 
          
            Como ven, el poder de Cristo es infinito, resucitó a la niña como resucitó a Lázaro después de cuatro días muerto; sanó a la hemorroisa, porque ella tocó a Jesús de modo muy distinto a los demás, lo tocó con fe y por eso quedó curada.
 
            La fe es un don, el Señor siempre lo dice: “¡Tu fe te ha salvado!”, por eso, tenemos que pedirle al Señor que nos aumente la fe y nos la aumentará. Pongamos de nuestra parte, hagamos actos de fe, seguramente no resucitaremos muertos como Jesús lo hizo, pero sí haremos milagros de otro tipo de resurrección; por ejemplo, ayudar a un amigo que, a lo mejor, hace 20 años no se confiesa, tener la palabra oportuna para ayudarle, convencerle y llevarle con el sacerdote y, entonces, habrás hecho ese milagro de gracia que no se ve, no se conoce. Esos milagros son los que tenemos que hacer, o los que hará Dios a través nuestro, si somos fieles, si creemos, si tenemos fe.
           
 Vamos a pedir a nuestra Madre, Santa María: “Madre mía, ayúdame a conseguir más fe”. Queridos amigos que Dios nos bendiga a todos.

  + Juan Antonio Ugarte Pérez
 Arzobispo del Cusco 
 


 
 
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