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Palabras del Pastor
Cusco 8 de Julio 2012

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
'Mientras hay esperanza, no tenemos derecho a dejar de luchar'
Muy queridos amigos.
 
Hoy, décimo cuarto domingo del tiempo ordinario, yo quisiera fijarme en la segunda lectura (San Pablo a los Corintios): Al defenderse de los ataques que ha recibido dijo: “Si yo quisiera gloriarme, no sería necio, diría la verdad”, sin embargo, dijo también: “Me abstengo, para que nadie me atribuya algo por encima de lo que vea en mí o de mí oiga, o a causa de la grandeza de las revelaciones por lo cual, para que no me engría, me fue clavado un aguijón en la carne; un ángel de Satanás, para que me abofetee y no me engría y por esto rogué tres veces al Señor que lo apartase de mí, pero él me dijo: te basta mi gracia”.
 
Ese aguijón de la carne, ha sido interpretado de muchas maneras: como una enfermedad de los ojos, como flaquezas o miserias personales. Mira, todos hemos nacido con el pecado original y no nos puede extrañar descubrir en nosotros abismos de vileza o de miseria. Un doctor decía: “Yo no sé cómo será el corazón de un criminal, pero me asomé al corazón de un hombre de bien y me asuste”.
 
 No tenemos que asustarnos de nada, tampoco de lo que descubramos dentro de nosotros: tendencias, malas inclinaciones, intenciones torcidas; porque, la gracia de Dios nunca nos va a faltar. Por eso, le dice a San Pablo: “te basta mi gracia”. A pesar de todas esas cosas que te suceden, a pesar de todas esas miserias que encuentras dentro de ti, a pesar de todo eso, Dios te sigue amando y te sigue dando su gracia y puedes triunfar. La santidad que Dios nos pide, no consiste en no tener defectos, en no tener miserias. La santidad que Dios nos pide, es que no pactemos con ellas y luchemos con la gracia de Dios que nunca nos va a faltar.
 
Por eso,  mientras hay esperanza, no tenemos derecho a dejar de luchar; el Señor quiere que dejemos de ser así y nos da toda su gracia para luchar y vencer; por lo tanto, no hay excusas, a pesar de los pesares, a pesar de tus miserias y las mías que no son pocas.
 
Por eso, hay que seguir luchando y pedir ayuda a nuestra Madre Santa María, refugiarnos en su regazo como cuando éramos chicos, pedirle a nuestra Madre que nos ayude, que se compadezca de nosotros, y que nos envíe la gracia de su Hijo para luchar y vencer.
 
Queridos amigos que Dios nos bendiga a todos.
 
+ Juan Antonio Ugarte Pérez
Arzobispo del Cusco
 


 
 
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